extramuros.
- Creo que deberíamos irnos - ha sugerido Catón mientras Victoria arrojaba un ramo de rosas sobre la destartalada lápida. Hemos tomado camino de la salida. Y una vez ya fuera de recinto, nos ha parecido ver una solitaria tumba junto a un ciprés no menos solitario. Una sepultura extramuros.
- Y aquella tumba? - hemos preguntado.
- Allí descansa Eceiza, el ateo del pueblo - se ha apresurado a decir Cáton -. El cura se negó a enterrarlo en camposanto, y ahí lo tenéis, feliz en la libertad del campo abierto.
Enrique Vila-Matas
Suicidios Ejemplares







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