Memória

La dictadura nunca pudo prescindir de su legitimidad de origen bélico, y para ello desplegó una asfixiante maniquea memoria oficial de la contienda. La presencia de esta en su posguerra, la rememoración del “terror rojo” y el olvido del “azul” fueron tan constantes y abrasivos que articularon las memorias de toda una generación y condicionaron las posteriores.
Así, cuando la generación de los “hijos de la guerra” buscó otra versión del pasado bélico, la saturación de guerra, miedos y recuerdos de sangre la llevó por reacción a un relato sin héroes ni villanos en el que la guerra funcionaba como referente negativo; como tragedia cuyos culpables eran todos por igual – y por tanto nadie – y cuyas violencias era mejor dejar al olvido. Eso facilitó las estrategias de “reconciliación” que guiaron la transición a la democracia. Pero la aparente inhibición de los gobiernos de la Transición, y luego de la democracia, fue también un modo poco inocente de gestionar el pasado de República, guerra y dictadura. No se impuso a la sociedad ningún olvido, pero sí hubo un amplio silencio oficial. No se reprimió el conocimiento de esos periodos, pero faltó socialización del mismo y reconocimiento público. Y en aras del consenso no se acometió ninguna política conmemorativa, pero no adoptar ninguna política es adoptar ya una que estimuló la privatización de las memorias y perpetuó el desequilibrio entre la presencia pública de uno y otro bando de sus víctimas.
Precisamente contra todo eso se alzarían hacia el año 2000 heterogéneos representantes de una generación de “nietos” de la guerra que reclama “recuperar la memoria histórica” de los vencidos. De su enorme alcance dan cuenta su vigor asociativo y las reacciones que ha suscitado. Por un lado, reaparece el clásico argumento según el cual es mejor no reabrir viejas heridas y dejar las cosas como están, aunque ese dejar incluya a los miles de cadáveres enterrados en cunetas y fosas. Y por otro, ha surgido una lectura pseudorevisionista que recicla los mitos de la posguerra para responder al desafío de la “memoria histórica”, que cuestiona por vez primera pública y ampliamente el relato franquista enraizada en una parte no menor de la sociedad.
El relato en clave de recuperación de la memoria histórica no está libre de discusiones. No son nimios los reparos que despiertan en algunos la judicialización del pasado, y lo mismo ocurre tras sociedades dirigen sus miradas e incluso afanes democratizadores al pasado; a un ayer que lo es sobre todo de violencias, guerras y victimas erigidas en emblema moral, y en el que es más fácil intervenir y cambiar las cosas que en un nuestro incierto y líquido presente.
Ahora bien, nada de ello invalida la necesaria gestión del pasado. A lo sumo obliga a extremar su carácter irrenunciablemente plural y democrático. Los enterrados aún en fosas anónimas, la pervivencia de espacios y franquistas, la falta de memoriales democráticos, la canonización por la Iglesia de cientos de “mártires”, el sinsentido de que se procese a un juez que trata de perseguir judicialmente los crímenes del franquismo…, todo ello muestra que queda mucho por hacer y compensar. Además, la experiencia histórica muestra que los Estados siempre han operado en la construcción del pasado y se han servido de él. Ya que lo han de hacer, mejor que sea en un sentido democrático, y que la ciudadanía no sólo lo fiscalice sino que tome también cartas en el asunto. Toda democracia que se precie debería preservar su patrimonio pasado, el de las conquistas y derrotas, compromisos y vías muertas, protagonistas y víctimas que jalonan su siempre inacabado camino. Preservarlo, pero también garantizar su pluralidad, huyendo de lecturas únicas y definitivas, su socialización y su conversión en espacio de debate, resignificación y participación ciudadana. Eso no abrirá las puertas a un cambio radical en nuestro presente, como soñara Walter Benjamin al referirse a las víctimas que denunciaban las injusticias desde el pasado, pero quizá muestre alguna pista alternativa a este presente que ofrece tan pocos motivos de celebración.


José Luis Ledesma

Profesor de Historia Contemporánea
en la Universidad de Zaragoza

Publico (es)
Suplemento Especial
75 Aniversario del Comienzo de La Guerra Civil

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~ por salamandrine em Agosto 16, 2011.

2 Respostas to “Memória”

  1. El tabu, niña, el tabu ;)

  2. yep :/

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